ES. EN.

Nuestra Experiencia en
Caño Negro

Por Carlos Núñez y Daniel Torres
30/04/16

SEMILLAS Arquitectura en Comunidad

Participantes de las comunidades de Las Flores y El Sitio (Caño Negro), la iniciativa COSA, Asociación Semillas, Fundación Pausa Urbana e Hivos, al pie del rancho comunitario en proceso de construcción.

Caño Negro está ubicado en el cantón de Los Chiles, en la provincia de Alajuela. Es un lugar al que muchas personas conocen por sus bellezas escénicas, por una cara que se muestra atractiva ante los ojos de turistas que conocerán poco más que los guajipales, garzas y peces gaspar que puedan ver en algún tour por los humedales. Raras veces se detendrán a mirar las casas hechas por las manos de sus habitantes, con materiales como bambú y madera, pisos de tierra, camas y sillones sustituidos por hamacas y tucas, en una zona en donde ir a pescar y sacar un par de guapotes del río puede significar la diferencia entre cenar o no.

En esta nueva experiencia conocimos más allá de lo que se ve a primera vista en este pueblo; fue una aventura que nos llevó a adentrarnos y participar en el proceso de construcción de un sueño de muchos/as habitantes de la zona de Caño Negro, también conocida por la gente del centro de población como “el precario”.

Foto: Carlos Núñez.

La COSA (Construcción Organizativa Socioambiental) inició así

Durante el 2014, un grupo de estudiantes de Sociología, de la Universidad de Costa Rica, tuvo la oportunidad de conocer esta comunidad, gracias a otras personas que anteriormente habían realizado algún trabajo social en la zona.

Constatar la situación socioeconómica de esta comunidad motivó a estos/as jóvenes a idear alguna forma de coadyuvar en su proceso de desarrollo. Sin organización local difícilmente pueda haber desarrollo; o, a lo mucho, permitíría poco más que emprender prácticas asistencialistas, paliativas. El deseo inicial por colaborar con El Sitio y Las Flores, poblados de la zona, nace a raíz de una convicción de que, a través de mejoras en la organización y el empoderamiento comunitarios, es posible cogestionar soluciones a los problemas cotidianos, y de esa manera incidir conjuntamentente en impactar positivamente la calidad del hábitat.

Esta aspiración presentaba ciertas limitaciones, especialmente por la lejanía geográfica. Fue entonces cuando se vinculó la iniciativa, bajo el nombre COSA (Construcción Organizativa Socioambiental) con el programa de Iniciativas Estudiantiles, de la Vicerrectoría de Acción Social de la UCR, como una opción de apoyo. A finales de 2014, se postuló un proyecto a la convocatoria de IE para el período 2015. El mismo fue aprobado, y con ello se obtuvo financiamiento para las giras de trabajo. El proyecto tenía como eje central el fortalecimiento de la organización comunitaria, para, a partir de ahí, impulsar estrategias de incidencia conjunta para mejorar el entorno sociales, espacial y cultural en la zona.

Durante los primeros tres meses de trabajo, se realizaron talleres participativos en los que se implementaron dinámicas y ejercicios que propiciaban la reflexión alrededor de ciertos temas vitales para la organización comunitaria, a saber: empoderamiento, comunicación interpersonal, compenetración entre los dos asentamientos, análisis sobre problemáticas locales, entre otros.

Panorámica de la calle que comunica ambas comunidades. Foto: Carlos Núñez.

El Sitio y las Flores son los nombres de las dos comunidades con las que nos encontramos, ambas con muchas cosas en común: el mismo acceso, la misma calle, las mismas necesidades y los mismos anhelos que cada vez ven más difíciles de cumplir, por muchas razones, pero principalmente por la idea persistente de que sólo con dinero se pueden mover las cosas. Y cuando ese apoyo económico no se ve por ningún lado, el asunto se vuelve aún más complicado.

Se trata de dos comunidades conformadas por personas que viven con lo esencial. Trabajadores ytrabajadoras de la pesca, construcción, turismo y agricultura. Frecuentemente explotados/as, laborando jornadas completas por menos del salario justo, arriesgando su salud y la seguridad ambiental de sus hogares por el interés de grandes empresas que han venido arrasando el territorio para monocultivarlo con miles de hectáreas de plantaciones piñeras por ejemplo.

Tiquete de compra de 14 sacos de naranjas a un jornalero en Los Chiles, reflejo de los abusos laborales que sufren miles de personas con necesidad de trabajo en la zona fronteriza norte del país. Foto: perfil de facebook de Daniel Torres.

Don Andrés, uno de los líderes de Las Flores, representa el espíritu de esperanza y a la vez necesidad de ambas comunidades. Siempre dispuesto a ayudar, organiza y levanta acta de las reuniones de asociaciones locales. Tiene 4 hijos viviendo con él y su esposa, vive de una pensión por invalidez muy baja, que no le permite trabajar formalmente, sino es actividades esporádicas como cuidar la casa a la maestra mientras ella sale. Aún así, él es uno de los que mayores ingresos económicos tienen en Las Flores. Su vivienda tiene piso de tierra, asientos de tablones sobre tucas y duerme en una hamaca, para que sus niños puedan hacerlo con más comodidad, en camas hechizas con colchones de espuma delgada. Esa es la situación en la que vive la mayoría de vecinos y vecinas de ambos poblados. Allí “los años pasan lento, nada sucede, nada cambia, nada mejora…”

A partir del trabajo de COSA, su acercamiento casi íntimo con las comunidades y sus procesos organizativos, y gracias a la clara disposición de sus habitantes, se logró un profundo intercambio y entendimiento entre ambas, un esfuerzo organizativo que desembocó en un proyecto común, en un espacio público que sería un catalizador de esfuerzos, acciones y mejoras significativas y tangibles; una muestra simbólica de que con ideas comunes, iniciativa, organización y trabajo en colectividad es posible dar saltos adelante en procura de un mejor hábitat.

Reunión bajo el viejo rancho. Foto: Alexandra Chacón.

El Rancho Comunitario

Las reuniones bajo el rancho viejo que se está cayendo, con techo de plástico negro agujereado y una que otra hoja de palma amontonada; o las reuniones organizadas en el corredor de la casa de don Santiago, en El Sitio, sentados/as en tucas o en el mismo suelo, dieron lugar a la construcción de una idea que movería a toda la comunidad en pro de un cambio visible y representativo de los procesos de mejora que se fueron gestando.

Reunión en casa de Don Feliciano. Foto: Alexandra Chacón.

Se trata del nuevo rancho comunitario, una idea que fue emergiendo en medio de reuniones entre las dos comunidades, mucho antes de la aparición del Colectivo Semillas en escena. Fue una idea propia de sus habitantes, quienes, con sus propias manos también fueron recolectando piezas de madera dura por el área del humedal y levantando la estructura primaria de la nueva obra.

Al fondo, la estructura del rancho levantada por vecinos y vecinas de las dos comunidades. Foto: Carlos Núñez.

Estructura primaria levantada por vecinos y vecinas. Foto: Alexandra Chacón.

A partir de ese punto, la participación de Semillas se fue haciendo efectiva como colaboración para sacar esta tarea adelante. La maduración de la propuesta se fue trabajando en tres sesiones de diseño; la primera fue “en blanco”, es decir, hablando sobre expectativas, ideas sobre el espacio, rayando sobre papel limpio y buscando conseguir acuerdos en común, mediante el diálogo creativo, el croquis y algunas referencias como insumo y motivación.

Trazando ideas. Foto: Carlos Núñez.

Don Andrés boceteando. Foto: Carlos Núñez.

Presentación de primeros esquemas. Foto: Alexandra Chacón.

Esta fase nos ayudó a identificar aún mejor las necesidades que el nuevo rancho comunitario vendría a a suplir. Por ejemplo, se habló de espacios para reuniones, en donde la gente se pudiera encontrar, estuviera lloviendo o no. Además, un espacio para cocinar, realizar actividades como ventas, bingos y otras, que ayuden económicamente a la comunidad, así como un lugar seguro para la estadía de visitantes o voluntarios/as (normalmente, durante las giras, dormimos en tiendas de campaña, corredores de concreto u otros espacios fácilmente inundables en épocas de temporal, que son sumamente frecuentes).

Con muchas ideas, realizamos dos sesiones más de diseño, modificando y validando una propuesta presentada con imágenes. En estas sesiones, el interés y participación de las comunidades se incrementó significativamente.

“Si Dios quiere, yo voy a hacer el techo de mi casa así”, decía don Feliciano. “Las paredes de mi casa están hechas a la carrera, pero ahora las voy hacer como están en esta imagen” decía don Andrés… Reacciones de ambos al ver avances de la propuesta, que fue una pre-materialización de las ideas que ellos mismos habían aportado.

Imagen de la propuesta, autoconstruible y planteada en su totalidad con materiales de la zona. Presentada inicialmente con solución de cubierta que se decidió en procesos anteriores (posteriormente se optó por otro material más eficiente).

Por estas y otras muchas razones, empezamos a ver al rancho como una especie de laboratorio experimental, en donde se juega con los materiales que hay al alcance, como bambú y madera, y con su estética, seguridad, sensaciones, facilidades y/o dificultades para su construcción, etc. Experiencias a partir de las cuales se fue convirtiendo en un modelo de sistemas, técnicas y espacios replicables en las viviendas de las familias locales.

Es un espacio que, además de funcionar como punto de convergencia, pretende ser un potenciador de talentos, habilidades y destrezas de las personas que han participado en su construcción, y que lo usarán con propósitos muy diversos. Esto lo pudimos ver, por ejemplo, cuando topamos con la sorpresa de que, en ausencia nuestra, los/as vecinos/as idearon y construyeron una nueva pared, mejorada en cuanto a diseño y técnica en relación con la que se había levantado en la primera gira de construcción.

Pared ideada por vecinos/as. Foto: Carlos Núñez.

Proceso de construcción. Foto: Carlos Núñez.

Trabajar con lo que se tiene, el bambú

Muchas de las casas de las dos comunidades tienen paredes de bambú, por lo general con barras completas y enterradas directamente al piso de tierra. Este es un recurso que abunda en el humedal, que permitió explorar muchísimas posibilidades durante el proceso de la construcción conjunta.

Kenneth, joven de Los Sitios, cortando bambú. Foto: Soren Pessoa.

Equipo de trabajo. Foto: Soren Pessoa.

Lancha para tours en la que se transportó el bambú. Foto: Soren Pessoa.

Transporte de bambú en el pick-up de Pablo, colaborador de Pausa Urbana. Foto: Soren Pessoa.

Limpieza del bambú. Foto: Soren Pessoa.

El piso se construyó en concreto chorreado con malla electrosoldada, con material que fue posible adquirir gracias al apoyo del proyecto “BAILANDO POR EL PLANETA”, patrocinado por HIVOS y desarrollado por la Fundación PAUSA URBANA, que trabajó en la capacitación y construcción de un bicigenerador, un aparato que genera y almacena electricidad a partir del pedaleo de bicicletas montadas sobre una estructura sencilla, autoportante y un sistema fácil de instalar. El bicigenerador se utilizó en varias de las sesiones de construcción, así como en eventos organizados por la comunidad, aportando corriente eléctrica, iluminación y muchas otras posibilidades. Al final del proceso, los/as habitantes fueron capacitados/as por integrantes de Pausa Urbana para el ensamblaje, instalación y uso del equipo, que les fue donado también por la Fundación.

Actividad de presentación de propuesta. La electricidad usada durante el evento fue sustentada por el bicigenerador. Foto: Soren Pessoa.

Piso en concreto del nuevo rancho. Foto: Don Andrés.

Para la cubierta se utilizó lona publicitaria reciclada, donada por Industrias Panorama. Ésta se colocó integralmente sobre la estructura, con refuerzos de pedazos de neumático de bicicleta colocados entre las vigas y la lona.

La comunidad quedó al pendiente de completar la parte del fogón y un pequeño corredor que da hacia la cancha de futbol, un esfuerzo que concretarán junto al equipo de COSA continuando el esfuerzo colaborativo realizado durante todos estos meses.

Proceso de trabajo.

Proceso de trabajo (desde la UCR).

Del Océano al Caracol… Reflexión sobre las Experiencias

La autogestión y la cogestión son claves en proyectos de esta índole. Al intervenir nosotros/as en el proceso de construcción del rancho, y comprometernos a cogestionar y organizar ciertas tareas, los/as habitantes locales se comprometieron a gestionar lo que tuvieran a su alcance, consiguiendo, por ejemplo, gasolina para las lanchas y la motoguadaña, organizando grupos de trabajo para ir a cortar el bambú, almuerzos comunales para los/as trabajadores/as del rancho, entre muchas otras responsabilidades que fueron asumiendo a razí de la motivación conjunta. El proceso de “plantar una semilla, cuidarla y verla germinar” en colectivo fue dejando muchas evidencias, tangibles e intangibles, que constituyen un proceso de aprendizaje y capacitación de gran valor para todos y todas, locales y no locales.

Lo que acontece a diario en este lugar, como la mejenga de 3 horas y Adelaida y sus hijas mirando, la tertulia del café en los corredores por la tarde, la pesca a las 7 de la mañana, Heiner que tiene que esconder la atarraya cada vez que pasa una lancha, o andar en bici y pasar por los charcos del pueblo hasta quedar empapado… Todo esto, más el escenario paisajístico tan hermoso del lugar, son parte de las dinámicas que conforman ese microcosmos en el que viven, el océano en el que nadan; es el contenedor de sus vidas, y eso hay que entenderlo a la hora de llegar, de trabajar y proponer junto a ellos y ellas, porque todo ya está ahí, solo hay que saber discernir qué se debe y puede tocar, y lo que no.

El espacio público, de encuentro, convivencia y compartir creado entre todos y todas, nos hace unir esfuerzos, esperanzas y sueños, encontrar habilidades, debilidades y oportunidades. Pero, sobre todo, ayudar a mejorar el entorno en el que vivimos, no de forma impuesta desde afuera, sino habiendo compartido mejengas, aguaceros, aguadulces y jornadas de trabajo en el barrial.

Esta experiencia nos mostró de nuevo y recordó el poder de convocatoria y de organización que tiene el espacio público, cómo se mueve la gente cuando se se apuesta por la colectividad. En medio todo ese esfuerzo colectivo, realizado por personas tan humildes que son felices a su manera con lo ‘poco’ que tienen, entre vecinos se comparten la comida, se comparten terrenos entre locales y con quienes vienen desde el extranjero en busca de un lugar para vivir y de oportunidades. Esta experiencia nos ha dado una probadita de un mundo de un espacio y un tiempo en donde hemos convivid en comunidad, con humildad, con gratitud y amor. Un mundo construido en conjunto entre lo colectivo y lo individual, entre lo grande y lo pequeño, del océano al caracol…

Carlos Eduardo Núñez es estudiante de Arquitectura en la Universidad de Costa Rica y cofundador del colectivo Asociación Semillas.

Daniel Torres es estudiante de Sociología en la Universidad de Costa Rica y cofundador de la iniciativa estudiantil COSA (Construcción Organizativa Socioambiental).